Soy Malena Castro, y si alguna vez sentiste que el corazón “se te acelera”, late fuerte, da un salto o parece ir desordenado, no estás sola. Las palpitaciones son una de las consultas más frecuentes en cardiología y, en muchos casos, no significan una enfermedad grave.
Pero también es cierto que, a veces, pueden ser una señal de alerta. La clave está en reconocer el contexto, la frecuencia y los síntomas que las acompañan. En esta nota te explico cuáles son las causas habituales, cuándo suelen ser benignas y en qué situaciones conviene pedir una evaluación médica sin demoras.
¿Qué son las palpitaciones?
Las palpitaciones son la percepción consciente de los latidos del corazón. Algunas personas las describen como latidos rápidos, fuertes, irregulares o como un “golpe” en el pecho o en el cuello.
No siempre indican una arritmia. Muchas veces son una respuesta normal del cuerpo frente a estímulos como el estrés, la fiebre o el ejercicio. Otras veces, sí pueden estar relacionadas con un trastorno del ritmo cardíaco que necesita estudio.
Causas habituales de palpitaciones
En la vida cotidiana, hay varios desencadenantes muy comunes. En mi experiencia, entenderlos ayuda mucho a bajar la ansiedad y a interpretar mejor lo que está pasando.
Estrés y ansiedad
Es una de las causas más frecuentes. Cuando estamos estresados, el cuerpo libera adrenalina y eso puede hacer que el corazón lata más rápido o más fuerte. También puede pasar durante ataques de pánico o momentos de mucha preocupación.
En estos casos, suele aparecer junto con respiración agitada, tensión muscular, sudoración o sensación de alarma. Muchas veces mejora al descansar, respirar lento y salir del entorno que disparó el episodio.
Cafeína, bebidas energéticas y estimulantes
El café, el mate muy cargado, las bebidas energéticas, algunos suplementos para “bajar de peso” y ciertos descongestivos pueden provocar palpitaciones. No todas las personas reaccionan igual. Algunas son más sensibles que otras.
Mi consejo práctico: si notás que te pasa después de tomar café o energizantes, probá reducir la cantidad durante unos días y observá si los episodios disminuyen.
Ejercicio físico
Durante el esfuerzo, el corazón naturalmente late más rápido para llevar oxígeno a los músculos. Eso es normal. Lo que merece atención es si las palpitaciones aparecen con un ejercicio muy leve, son desproporcionadas o continúan mucho tiempo después de terminar la actividad.
Fiebre e infecciones
Cuando tenemos fiebre, el cuerpo acelera el pulso. También pueden aumentar los latidos si hay deshidratación, dolor o malestar general. En la mayoría de los casos, se trata de una respuesta esperable.
Si además hay decaimiento importante, dificultad para respirar o dolor en el pecho, conviene consultar.
Falta de sueño, alcohol y deshidratación
Dormir poco, beber alcohol en exceso o pasar muchas horas sin hidratarse también puede favorecer palpitaciones. Lo mismo ocurre con comidas muy copiosas o con ayunos prolongados en algunas personas.
Señales de alerta: cuándo no hay que minimizarlo

Hay palpitaciones que sí requieren evaluación médica. No siempre significan una urgencia, pero tampoco conviene “esperar a ver si se pasa” cuando aparecen signos de alarma.
- Palpitaciones acompañadas de dolor u opresión en el pecho.
- Falta de aire importante.
- Mareo intenso, desmayo o sensación de desmayo.
- Latidos muy rápidos y sostenidos que no ceden en reposo.
- Ritmo claramente irregular, sobre todo si aparece de forma nueva.
- Palpitaciones durante el ejercicio con malestar, debilidad o dolor torácico.
- Antecedente personal de enfermedad cardíaca.
- Historia familiar de muerte súbita o arritmias.
- Uso de medicamentos o sustancias que puedan alterar el ritmo cardíaco.
Si las palpitaciones se presentan por primera vez después de los 40 años, duran varios minutos, se repiten con frecuencia o van empeorando, también conviene estudiarlas.
Cómo registrar los episodios de palpitaciones

Una de las herramientas más útiles es llevar un registro simple. A veces, con esta información el médico puede orientar mejor el diagnóstico y decidir qué estudios pedir.
Yo siempre recomiendo anotar estos datos:
- Fecha y hora del episodio.
- Qué estabas haciendo antes de que comenzara.
- Duración aproximada.
- Cómo sentiste los latidos: rápidos, fuertes, irregulares o con “saltos”.
- Si hubo otros síntomas: dolor, falta de aire, mareo, sudoración, náuseas o ansiedad.
- Qué habías comido o tomado antes: café, mate, alcohol, energizantes, medicamentos.
- Si estabas con fiebre, resfriado, estrés o mal dormir.
- Si mejoró con reposo, hidratación, respiración lenta o al acostarte.
Si tenés reloj inteligente o pulsómetro, también puede servir anotar la frecuencia cardíaca aproximada. No hace falta obsesionarse con el número, pero sí puede aportar un dato valioso.
Un consejo práctico para registrar mejor
Usá las notas del celular o una libreta chica. No esperes a “acordarte después”, porque muchos detalles se olvidan rápido. Anotar en el momento ayuda mucho más que reconstruir el episodio horas más tarde.
¿Cuándo conviene pedir evaluación cardiológica?

Conviene pedir una consulta cardiológica sin demorar cuando las palpitaciones son recurrentes, no tienen una causa clara o aparecen con alguno de los signos de alerta. También es buena idea evaluarlas si están interfiriendo con tu vida diaria o generando mucha preocupación.
En general, yo sugiero consultar pronto si:
- Los episodios se repiten varias veces por semana.
- Durán más de unos minutos o son muy intensos.
- Empezaron de forma reciente y no sabés por qué.
- Se asocian con esfuerzo físico.
- Tenés antecedentes cardíacos o factores de riesgo.
- Hay historia familiar de arritmias o muerte súbita.
La evaluación puede incluir un examen clínico, un electrocardiograma y, según el caso, Holter, análisis de sangre o ecocardiograma. No siempre se necesitan todos los estudios, pero sí una valoración ordenada para descartar causas relevantes.
Qué podés hacer mientras tanto
Si las palpitaciones son leves, aparecen en situaciones previsibles y no hay signos de alarma, hay medidas simples que pueden ayudar:
- Reducir cafeína y energizantes por unos días.
- Tomar suficiente agua.
- Priorizar el sueño.
- Comer de manera regular.
- Practicar respiración lenta si notás ansiedad.
- Evitar automedicarte con estimulantes o descongestivos sin consultar.
También ayuda identificar patrones. A veces el cuerpo “habla” antes de tiempo. Si notás que las palpitaciones aparecen siempre con estrés, falta de descanso o exceso de café, ya tenés una pista útil para hacer cambios concretos.
En resumen
Las palpitaciones pueden ser normales y responder a causas frecuentes como estrés, cafeína, fiebre, ejercicio, deshidratación o falta de sueño. Sin embargo, no conviene subestimarlas si vienen acompañadas de dolor de pecho, falta de aire, mareo, desmayo o ritmo irregular sostenido.
Registrar cada episodio con fecha, duración, síntomas y desencadenantes puede ayudar mucho a llegar al diagnóstico correcto. Y si hay dudas, antecedentes cardíacos o señales de alerta, lo mejor es pedir una evaluación cardiológica sin demoras.
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