El sangrado nasal, también llamado epistaxis, es muy común. Puede asustar, pero en la mayoría de los casos no representa una urgencia. Yo siempre digo lo mismo: lo importante es saber qué lo provoca, cómo frenarlo bien y cuándo pedir ayuda médica.
En Argentina, el clima seco, los cambios bruscos de temperatura y la calefacción en invierno hacen que muchas personas tengan la nariz más sensible. A eso se suman hábitos simples, como hurgarse la nariz, sonarse con fuerza o hacer esfuerzo físico intenso. Todo eso puede irritar los vasos sanguíneos que están muy cerca de la superficie.
Causas más habituales del sangrado nasal
Sequedad nasal
La causa más frecuente es la sequedad. La mucosa de la nariz necesita estar húmeda para funcionar bien. Cuando el aire está muy seco, la nariz se agrieta con facilidad y puede sangrar.
Esto pasa mucho en invierno, con calefacción encendida, o en días de viento fuerte. También puede ocurrir en personas que usan mucho aire acondicionado o viven en ambientes con poca humedad.
Rascado o manipulación de la nariz
Hurgarse la nariz es otra causa muy común, sobre todo en chicos, pero también en adultos. Un pequeño rascado puede romper un vasito superficial y empezar el sangrado.
Sonarse la nariz con demasiada fuerza también puede provocar el mismo efecto. Si la nariz está inflamada por resfrío o alergia, el riesgo aumenta.
Cambios de clima
Los cambios de clima pueden irritar la mucosa nasal. En personas sensibles, pasar del calor al frío o del exterior al interior con calefacción puede favorecer pequeñas lesiones en la nariz.
Si además hay alergia, rinitis o resfrío, el tejido nasal ya está inflamado y sangra con más facilidad.
Presión alta
La presión alta no es la causa más frecuente de sangrado nasal, pero puede estar relacionada. En general, la hipertensión no “rompe” la nariz por sí sola. Sin embargo, puede hacer que el sangrado sea más difícil de controlar o más abundante.
Por eso, si una persona tiene episodios repetidos de epistaxis y antecedentes de presión alta, conviene consultar y controlar la presión arterial.
Otros factores que también pueden influir
- Alergias nasales.
- Resfríos o infecciones respiratorias.
- Uso frecuente de descongestivos nasales.
- Medicamentos que “afinan la sangre”, como anticoagulantes o antiagregantes.
- Golpes en la nariz.
- Problemas de coagulación, menos frecuentes pero importantes.
Cómo actuar en casa: primeros auxilios paso a paso
Cuando empieza el sangrado, lo más importante es mantener la calma. El objetivo es ayudar a que se forme un coágulo y no seguir irritando la zona.
Paso 1: sentate con el torso inclinado hacia adelante
No te acuestes. Tampoco inclines la cabeza hacia atrás. Lo correcto es sentarte y llevar el tronco un poco hacia adelante. Así evitás tragar sangre, lo que puede dar náuseas o malestar.
Paso 2: apretá la parte blanda de la nariz
Con el pulgar y el índice, presioná la parte blanda de la nariz, justo por debajo del hueso. Mantené la presión firme y continua durante 10 a 15 minutos. No sueltes para “mirar si paró”. Ese error es muy común y retrasa el cierre del vaso sangrante.
Paso 3: respirás por la boca y quedate quieto
Mientras hacés presión, respirás por la boca. No hablés, no te suenes y no hagas esfuerzo. Cuanto más tranquila esté la nariz, mejor.
Paso 4: si podés, usá frío por fuera
Un paño frío o una compresa fría sobre el puente nasal puede ayudar un poco. No reemplaza la presión, pero puede ser útil como apoyo.
Paso 5: revisá si realmente se detuvo
Después de 10 a 15 minutos, soltá con cuidado. Si sigue sangrando, repetí la presión otros 10 minutos. En muchos casos, con eso alcanza.
Qué no hacer durante un sangrado nasal
- No echar la cabeza hacia atrás.
- No acostarte.
- No meter papel, algodón ni gasas dentro de la nariz salvo indicación médica.
- No sonarte de inmediato cuando pare.
- No hacer ejercicio ni cargar peso ese día.
Consejos para prevenir nuevos episodios

Si el sangrado aparece seguido, vale la pena cuidar la nariz todos los días. A mí me gusta pensar en esto como “hidratar y no irritar”. Es simple, pero funciona.
- Usá solución fisiológica o lavados nasales si tenés sequedad.
- Mantené el ambiente un poco más húmedo, sobre todo en invierno.
- No te hurgues la nariz.
- Sonate suave.
- Usá cremas o geles nasales solo si te los indicó un profesional.
- Controlá la presión arterial si tenés antecedentes de hipertensión.
Un consejo práctico fácil de recordar es este: “sentate, incliná hacia adelante y apretá 10 minutos”. Tres pasos simples que pueden resolver la mayoría de los sangrados leves en casa.
Cuándo consultar al médico

Hay situaciones en las que conviene pedir atención médica. No todo sangrado nasal se maneja en casa.
- Si el sangrado no se detiene después de 20 minutos de presión bien hecha.
- Si la sangre sale en gran cantidad o aparece muy seguido.
- Si ocurrió después de un golpe fuerte en la cara o la cabeza.
- Si la persona toma anticoagulantes o tiene un problema de coagulación.
- Si hay mareo, debilidad o palidez marcada.
- Si el sangrado se acompaña de dificultad para respirar.
- Si el episodio ocurre en un niño pequeño y no cede.
También conviene consultar si los sangrados son repetidos, aunque sean breves. A veces hay una causa local, como una vena frágil, una costra que no termina de curarse o una rinitis mal controlada. En esos casos, el médico puede indicar tratamiento específico.
En resumen
El sangrado nasal suele deberse a sequedad, rascado, cambios de clima o irritación por resfríos y alergias. La primera ayuda correcta es sentarse, inclinarse hacia adelante y comprimir la parte blanda de la nariz durante 10 a 15 minutos. Si no cede, si es muy abundante o si se repite, hay que consultar.
Con información simple y algunos cuidados diarios, la mayoría de los episodios se pueden manejar mejor en casa y prevenir en el futuro.
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